La historia de amor más contada en Hollywood
La última adaptación de la multipremiada cinta A Star is Born, llegó a cines y festivales internacionales desde mediados de 2018, esta vez, con Bradley Cooper al frente de la producción, en su debut como director. Una de las producciones más esperadas del año, quizá debido al estreno de Lady Gaga como actriz protagónica de un filme hollywoodense, o por la seducción desenfrenada que desata siempre una película romántica con una historia que ha sido versionada otras tres veces por la industria de cine más grande del mundo.
En esta ocasión, el director Bradley Cooper, también se pone frente a las cámaras para interpretar a Jack Maine, un famoso cantante de música country estadounidense, que se debate entre su carrera y una fuerte adicción al alcohol y las drogas, y que una noche de copas, descubre el talento de la joven Ally en un bar de pueblo. Ambos comienzan a desarrollar una relación amorosa al tiempo que la carrera de Jack va cuesta abajo, mientras la de Ally comienza a despegar, hasta convertirse en toda una estrella.  
Es una de estas ancestrales historias de las que Hollywood ama contar, y ese, a mi entender, es el punto más débil de la película. Un guion demasiado edulcorado, con muchas de las mismas frases que el público general ya está acostumbrado a escuchar en los grandes melodramas universales y una historia donde el amor clásico y novelesco es el único protagonista; pero que no deja de entretener e incluso hace reflexionar sobre lo que, según la propia Lady Gaga, es el asunto principal de la película: la depresión como una enfermedad de salud mental.
Hay que reconocer que, historias como esta, siguen teniendo éxito internacionalmente. Parece ser atractivo para muchos ver un amor como el que se nos muerta en pantalla, apoyado por la química perfecta entre Gaga y Cooper. Son esos los códigos principales que Hollywood ha manejado desde siempre, y que han funcionado por años y años. Sin embargo, creo que, en estos tiempos, el guion debió haber explorado códigos cinematográficos más acordes a nuestros tiempos, y diferentes a los de las primeras versiones.  Cabe recordar que la primera de ellas se estrenó en el año 1937 y estuvo dirigida por William A. Wellman; la segunda ocurrió en 1945, dirigida por George Cukor y protagonizada por Judy Garland; y la tercera adaptación estuvo protagonizada por Barbra Streisand en el año 1976 y dirigida por Frank Pierson.  
La película de 2018 tiene muchos puntos favorables, entre ellos la actuación de Lady Gaga, quien finalmente pudo demostrar sus dotes actorales a plenitud en un personaje protagónico, que la separa de la imagen pop que ella misma ha construido por años, pero que de alguna forma la acerca -o aleja, quizá- de su propia evolución musical. 
Gaga ya había sido reconocida internacionalmente por su trabajo en la serie de televisión American Horror Story, donde interpreta a una condesa vampira y enigmática, muy parecida a esos personajes con los que ha estado jugando en su carrera musical; sin embargo, durante la primera hora de A Star is Born interpretando a Ally, se aleja de toda la parafernalia que la ha acompañado en su vida artística. Con su interpretación, Gaga demuestra que es capaz de llevar un historia -aunque no tan profunda, bastante cerrada- sobre sus hombros, y desarrollar un personaje de principio a fin, con altibajos emocionales y una fuerte presencia escénica. Y no es para esperar menos, pues, recordemos que, cuando aún no era la famosa Lady Gaga, Stefani Germanotta estudió durante diez años en el Lee Strasberg Institute de New York, en su afán de convertirse en una gran actriz.
Por su parte, Bradley Cooper, se plantea la difícil tarea de dirigirse a sí mismo con un personaje muy interesante, quizás uno de los mejores de su carrera. Con un trabajo de caracterización, en donde el tenue maquillaje, solamente enaltece la fuerza que viene desde más adentro, desde las entrañas de un actor que ama y respeta su profesión. Y es difícil entender por qué Bradley Cooper no estuvo nominado como Mejor Director en la 91 Edición de los Premios Oscar 2019, cuando fue él quien logró superar el que parece ser uno de los mayores retos de su carrera: dirigirse a sí mismo, en su opera prima como director, y haber ensamblado un elenco y una de las películas más nominadas del año -ocho, para ser exactos-.
El resto del elenco, funcionan como apoyo a la trama principal de la historia, siendo Sam Elliott el único otro actor que sobresale por la fuerza de su personaje.
Elliott es un reconocido actor que logra su primera nominación al Oscar con esta película. Es un histrión que juega con sus propias emociones, trabajándolas desde muy adentro. Sin embargo, a la hora de hablar, sus diálogos son incomprensibles. Lo he visto en más de una ocasión, en producciones diferentes, y siempre prevalece el mismo problema: no logro descifrar sus palabras. A pesar de eso, siempre agradezco ver un actor sincero en pantalla, y él, sin duda alguna, lo es.
A pesar de sus ocho nominaciones en los Premios de la Academia del 2019, la película solamente se llevó el rubro a Mejor Canción Original -en la 49na Edición de los Premios de la Academia, también se llevó el Oscar en esta categoría por “Evergreen”, un tema compuesto por Barbra Streisand y Paul Williams -, que, en esta ocasión, pertenecía a Shallow, una canción compuesta y producida por Gaga, Mark Ronson, Andrew Wyatt y Anthony Rossomando, escrita exclusivamente para la película, y que, desde su lanzamiento, mucho antes del estreno, ya era un ancla de oro para los espectadores. Y es que la Banda Sonora Original de A Star is Born está formada por canciones que parecen baladas de toda la vida, de esas que se han escuchado desde siempre y que pasan de generación a generación. La musicalidad, el ritmo, las letras, son clásicas, y suenan como esos himnos de amor de Whitney Houston, que durarán una eternidad.
Esta última versión de A Star is Born es una oda al amor universal, al que estamos acostumbrado a ver en los grandes melodramas de todo el mundo. Este, es ya, un clásico indiscutible de Hollywood, del que, creo, no podremos desprendernos jamás.
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