Para el Lector:
Aquel día en que, de broma, la llamé: Hannah, la cubana, no tenía idea de cuán preciso era el seudónimo que estaba utilizando. Y es que Hannah, parece tener tatuada en el alma su bandera.
Uno por aquí viendo películas francesas, escuchando música en inglés, y haciendo hasta lo imposible por hablar con acento neutro y ella riéndose en tu cara, con una botella de ron Habana Club, diciendo “asere” en cada frase, mientras escucha al Kelvis Ochoa que le cura la nostalgia de su Habana.
Y es que Hannah parece inmóvil. Parece viajar más al pasado que lo que piensa en su futuro, y toda su melancolía la vuelca en sus historias.
Treinta cuentos que nacen de un juego prohibido en la Cuba de siempre, la que no cambia y permanece en la misma inmovilidad en que Hannah parece subsistir.
Pero no es cierto. Es solamente otro personaje que interpreta magistralmente. Sí  se mueve. Sí avanza. Y lo hace con paso firme y certero, pero con cautela y sigilo, sin olvidar lo que ha vivido, porque lo que ha vivido es lo que la ha puesto en el lugar en que está hoy. Muy pocos nos damos cuenta de cuanto ha avanzado en su andar, y corro el riesgo de estar revelando, el que creo sea su secreto.
Pero Hannah nunca olvida, y por eso se inventa historias, y también las protagoniza, porque aunque ella diga que no: también es actriz… y de las buenas. Se pone en la piel de un ama de casa asesina, de un niño que ve morir a su abuelo, de una vieja que se queda sin sueños ni esperanzas; pero son solo personajes, porque sus esperanzas están intactas, como parece estarlo ella.
Y juega a hacer hablar caballos, gatos, elefantes y caracoles, y juega a hacerte reír, a hacerte carcajear con mucha inteligencia, como solo una buena cubana sabe hacer… y lo logra.
Con que maestría Hannah juega con nuestras emociones como si fuéramos marionetas y ella nuestra titiritera. En una misma historia se me ha formado un nudo en la garganta, y luego ese nudo se me deshace en una carcajada. ¿Cómo lo logra? Es una artista, una artista que siempre regresa a su semilla, que siempre vuelve a “Palo Seco” a buscar las historias que la mantendrán en pie de por vida.
Es un juego divertido en el que Palo Seco es el protagonista. El pueblo que en silencio permite que sus habitantes hagan y deshagan a su antojo, que los viejos jueguen dominó y los jóvenes hagan el amor salvajemente a la luz de la luna. Es un juego en el que todos terminamos ganando.
Y en Palo Seco también hay apagones, y malecones, y cines, y azoteas de edificios custodiados por palomas, y granjas y santeros y espiritistas y putas y jineteras y gente agradecida y solidaria, como mismo en la Habana de Hannah, como mismo en la Cuba de Hannah… y en la mía… y en la tuya…
Parece haber un poco de mí en estas historias. Creo que de ti también hay mucho, porque Hannah sabe escribir para mí, y también para ti. Aunque en el fondo es un poco egoísta y lo hace para ella, pero es mágica, y con cada letra te toca el corazón. Si eres cubano, estas también son tus historias. No importa de que parte de Cuba eres, también naciste y te criaste en Palo Seco, y viviste lo mismo que viví yo, y que vivió ella; lo mismo.
Si no eres cubano… sino eres cubano te invito a que lo intentes por unos minutos… es una de las sensaciones más ricas que vas a experimentar. Eso sí… no seas demasiado exigente. Los cubanos no somos tan sofisticados y nos gusta el ron barato, bañarnos bajo la lluvia descalzos y cantar canciones cursis en el apagón. “¿Y cómo es que andamos dispersos por el mundo, si tanto nos gustan nuestro ron barato, nuestros apagones y nuestra bendita miseria?” debes estar preguntándote; pues debes saber que siempre hemos soñado con cruzar los mares. Ese ha sido nuestro eterno sueño, aunque nadie ha podido contar con certeza que hay en las otras orillas. Somos unos soñadores a pesar de tantas pesadillas, somos unos soñadores contra viento y marea, unos soñadores con coraje, y a fin de cuentas “los sueños son barcos que zarpan de las almas de los hombres valientes”.
 
Para Hannah:
Tus cuentos me hicieron recordarme, otra vez, en medio de La Habana. Has hecho que recupere el sentido de la orientación. Quién soy, qué quiero ser, y a dónde quiero ir son preguntas que solo podré responderme si tengo claro quién fui y de dónde vengo. Gracias por ayudarme a reencontrarme otra vez. Gracias por el azul, el blanco, y por el rojo, e incluso por la estrella solitaria. Ha sido un placer caminar por los senderos de Palo Seco tomado de tu mano, y mirar La Habana a través de tus ojos.
 
Hansel Porras García
05/08/2017
1:00am
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