Para mi Lucero
Vives
En el perpetuo latido de mi pecho.
Te escondes
En cada partícula de mi piel
Y en cada halo de mi porvenir;
En la memoria de mis pupilas
Y el recuerdo vivo de mis oídos:
Tu lugar preferido para jugar a ser feliz.
Ya no sé alimentarte con frases hechas,
O abrazos de niño obeso.
Tampoco con lágrimas infértiles,
Y dudo, que con ternuras producidas.
El reloj de arena ha dado veinte campanadas.
Ha quebrado a Peter Pan
Y ha colocado la Luna menguante en su sitio.
Aquel feto que añoraba ser lucero,
Ha decidido transformar en palabras mudas
Y silencios ensordecedores
Este perenne amor
Que no cabe en su existencia. 
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